Tras tres largos años de crisis oficial hemos construido una explicación ya casi universalizada sobre cuáles son sus causas y quiénes sus responsables. Sintéticamente, la causa es el mantenimiento del crecimiento del PIB a base de crear una burbuja de crédito y, por ello, los responsables son las oligarquías financieras.
Particularmente, creo que la explosión del crédito empezó en nuestro país a raíz de la crisis de 1992. Fue entonces cuando se inició la carrera desbocada del ladrillo, cuando aumentaron drásticamente el trabajo autónomo y el temporal y cuando una generación sobredimensionada, los babyboomers, se vieron casi obligados a alargar su período de residencia en el domicilio paterno. Algo importante comenzaba a no funcionar.
De hecho, recién entrados en el siglo XXI, tras el estallido de la burbuja de las puntocom, primerio en USA y después en Europa, algunos de mis amigos y hasta yo mismo dábamos una explicación a aquella crisis que se parecía mucho a la de ahora.
Sin embargo, yo creo que perdemos de vista un hecho fundamental. Ni los EE.UU., ni Europa, ni Japón pueden mantener su ritmo de consumo y depredación de los recursos si en el festín empiezan a menudear nuevos comensales, más jóvenes, más fuertes, más trabajadores, más formados... Mucha gente ha salido de la miseria y de las hambrunas en China, India, Rusia o, incluso, en América latina.
Los potentados gestores de grandes fortunas, bonos o fondos de inversión que operan desde Londres o Nueva York saben de sobra que, para seguir creciendo, deben cebarse contra el euro. ¿Contra quién sino? Comerse yenes japoneses es poco pastel, dado que el ahorro interno financia en buena parte el desmesurado gasto público nipón. Acechar monedas menores en estados poco dados al gasto público sería otra pérdida de tiempo. Sin embargo, zarandeando el árbol del endeudadisimo estado del bienestar europeo trae muchos réditos.
En primer lugar, la falta de unidad política hace que los depredadores puedan asaltar primero a las presas un tanto desgajadas del rebaño para, posteriormente, dirigirse a las más protegidas. El euro no es una moneda con una dirección política propia, es más bien un pacto librecambista entre países muy desiguales.
Por otro lado, la población europea es tal vez la que más tiempo lleva disfrutando de un carísimo edificio social al que no está dispuesta a renunciar. Eso significa que estará dispuesta a nutrir con más sacrificios a sus acreedores que otras sociedades más habituadas a las penurias.
Pero lo más importante es que la dirección política de la Europa del euro recae mayormente en Alemania, un país que parece aprender poco de cómo dejar de perder guerras. Históricamente, su enorme potencia la ha llevado a movimientos rígidos y estratégicamente poco prácticos. Por si fuera poco, una temerosa y adormecida Francia todavía pretende salvaguardar ideas de bienestar que nacieron y murieron en el siglo XX.
El bando anglosajón, por contra, cuenta como siempre con su agudeza, su ingenio y su proverbial pragmatismo. En Londres y Nueva York inventaron las reglas para la nueva contienda. Cuentan con armas de nuevo cuño que los mastodónticos y aletargados estados europeos no pueden enfrentar: Credit Default Swaps, coberturas de crédito apalancadas diseñadas para sangrar a la presa, agilísimos mercados de futuros, de materias primas, de opciones sobre cualquier cosa que sea numerable, bonos sobre warrants y un larguísimo etcétera que la economía financiera brinda a las grandes acumulaciones de capital para que sigan haciéndose grandes a costa de imponer su cruda ley al resto del mundo.
Se trata pues de una guerra. Una guerra, como siempre, para hacerse con los recursos de alguien más débil. Una depredación que ha sido derecho natural, el derecho de última instancia de la humanidad.






Comentarios
Eso puede aplicarse también a las economías emergentes. Si Europa está en un agujero de deuda y EEUU más de lo mismo, no me creo que el mundo siga creciendo, como decía el iluso de Punset el otro día. Más bien creo que muchas burbujas de América latina y China van a pinchar rápìdamente. Otra cosa es Rusia, un auténtico almacen de todo lo que necesita la humanidad en el futuro o la India, con un know-how envidiable.
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