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Sostenibilidad y ecología

Un presente eólico, un futuro... más eólico

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Traduzco y sintetizo una noticia aparecida hace muy poco en BussinesGreen:

http://www.businessgreen.com/bg/news/2103849/brazilian-wind-power-cheaper-natural-gas

Brazilian wind power cheaper than natural gas

El coste y competitividad de las renovables toma protagonismo después que la energía eólica gane 78 de los últimos 92 contratos para el suministro eléctrico.

Las autoridades brasileñas han confirmado esta semana que la energía eólica es más competitiva actualmente que el gas.

Los 78 projectos que ganaron recientemente contratos con la Brazil National Electric Power Agency suman 1.928MW y su precio está alrededor de los 100 reales (37 libras esterlinas) por MWh

En comparación, el precio medio de la energía generada con gas natural es de unos 103 reales. Y según el presidente de EPE, Mauricio Tolmasquin, la realidad es que los precios no pueden hacer otra cosa que bajar en Brasil. Asimismo, este máximo responsable ha predicho que la energía eólica potencial de 143GW puede llegar a ser de unos 300GW si tenemos en cuenta que el diseño de turbinas mejora constantemente.

En este sentido, otra noticia sobre investigación eólica le da la razón al presidente de la eléctrica brasileña.

http://www.solociencia.com/ingenieria/11082503.htm

El tipo de turbina eólica y cómo se las agrupa puede multiplicar por 10 su productividad.

Básicamente unos ingenieros del equipo de John Dabiri del Instituto Tecnológico de California (Caltech), han llegado a la conclusión de que no siempre turbinas mayores y más altas aprovechan mejor las corrientes de aire. Parece ser que según sus estudios, generadores eólicos más pequeños, a ras del suelo y con menores distancias entre sí podrían entregar muchos mas MW por m2.

 

http://www.smartinthegrid.com/post/energia-eolica-turbinas-de-eje-vertical-eficientes-y-economicas/

 

 


Última actualización el Domingo, 28 de Agosto de 2011 21:02
 

What's going on, Fukushima?

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En verano es frecuente encontrarse enmedio de grupos de turistas japoneses. Un poco en serio, un poco en broma, me he preguntado en más de una ocasión cuántos milisieverts de radiación habrán recibido esos turistas.

El vídeo que propongo nos ayuda a comprender qué está pasando en Japón, after Fukushima, y qué es lo que en realidad preocupa a la gente corriente que allí se encuentra.


 

#SpanishRevolution, monocultivo ideológico, rabietas de los niños mimados y revolución ecológica

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No me queda otra solución. Al intentar clasificar este artículo me he visto obligado a llevarlo a la categoría de Sostenibilidad y ecología, lo que, de buenas a primeras, puede causar cierta sorpresa.

Sin embargo, examinando las razones y propuestas de los indignados no veo más que otra manifestación del "homo economicus" que todos llevamos dentro, o sea, una cosmovisión que no difiere en nada a la de los malévolos banqueros, tan denostados por los acampados, y tan distante a la del "homo reciprocans" al que deberían parecerse. Como decía Borges citando al cronista medieval Adam de Bremen, siempre uno acaba pareciéndose a su enemigo.

Vaya por delante que iniciativas "indignadas" como la de limitar a 6000€ el sueldo o ingreso máximo, acabar con los privilegios fiscales, con los privilegios políticos, con el fraude que supone Bolonia o, simplemente, acabar con una democracia "partitocrática", cuentan  con mis simpatías, por muy difícil que, a priori, me parezca su implementación.

Ahora bien, me gustaría saber cuál era la opinión generalizada de los indignados y sus familias cuando en la década de los 90 la administración mostró muchas veces su deseo de "filtrar" el acceso a la universidad, para adecuarlo a la demanda del mercado. Creo recordar quemuchos de ellos se opusieron a ese "recorte de derechos". Me gustaría saber,también, cuál fue la postura de los indignados y sus familias cuando lo de la reforma educativa LOGSE (sí, la del aprobado general para todo el mundo, sin repeticiones de curso), que nos llevó a una avalancha de estudiantes accediendo a la universidad sin una formación adecuada, en perjuicio de una formación profesional que, según todos los expertos, estaba y está infravalorada en nuestro país.

Me permito recordar en este punto que muchos profesores de ingenierías sugirieron la creación de un "curso 0" cuando empezaron a detectar las carencias matemáticas de sus nuevos estudiantes. Igualmente, y como si fuera cosa de ayer, todavía me vienen a la cabeza las protestas de los correctores de exámenes de selectividad cuando fueron conminados a rebajar baremos y a dejar libre acceso a la univesidad a miles de estudiantes de penosa ortografía y caótica sintaxis. Ahora parece ser que son "la generación mejor preparada de nuestra historia" y yo me apostaría lo que sea a que el 50% de ellos no se saben las tablas de multiplicar (por quedarme en lo básico)... También hay quien la ha calificado como la "generación entre algodones", aunque si lo son la culpa no es suya.

Tras todo esto, sigo insistiendo, una cosmovisión anacrónica y anacronizante: la que propugna que la formación debe traducirse en éxito económico (éxito, porque estamos en la cultura del éxito, un detritus ideológico,como diría Galeano) y Papá Estado es el culpable de nuestra precariedad laboral... De ahí que todo pueda solucionarse con la típica rabieta infantil, una plantada en una plaza, lo mismo que cuando siendo niños nos poníamos a berrear tirándonos por el suelo. Por fortuna, en mi caso, mis padres no me hacían caso y, a veces, caía alguna "clatellada" para que llorase con razón, decían. Eso me enseño que la realidad era persistente y cabezona, que para nada se plegaba a mis deseos. En cambio, la generación que forma el grueso de los acampados no tuvo mayoritariamente esa educación. Lo negativo no estaba de moda. Todo era optimismo y risa fácil (o tonta, decían mis abuelos). Sus padres, sus maestros, sus tutores en cualquier actividad, aprendieron que era una generación sobreprotegida, colmada de derechos e hipersensible, que llevaba las de ganar en cualquier litigio. Decidieron, pues, darles la bici, la play, el aprobado o más, la moto, el coche, lo que fuese para evitar "traumatizarlos". Cuando no estudiaban era por culpa de sus profesores, esos carpetovetónicos que no sabían motivarlos, decían sus padres. Cuando su comportamiento en el aula era el de un hooligan borracho era por culpa de sus padres-coleguis, decían sus profesores. Berrinche tras berrinche, los logsitos fueron dándose cuenta de que no valía la pena madurar, que tenían la sartén por el mango y les amparaban todas la declaraciones de derechos fundamentales habidas y por haber...

Quede claro, a esta altura de mi discursillo, que no les estoy culpabilizando sólo a ellos; tampoco quiero que se identifique a toda una generación, o a una sola generación, con estas actitudes. Simplemente relato hechos que mantengo muy vivos en mi recuerdo.

Ahora, cuando la lumbre del estado del bienestar parece, más mortecina que nunca, a punto de apagarse, es cuando afloran todos los sinsentidos, todas las demandas, todos los agravios, todas las incongruencias. Indignación, como ha pedido el nonagenario Stephan Héssel. Pero una indignación vaga, incompleta y desorientada. Con una formación académica a base de inconexos retales multimedia, la generación de la indignación parece no encontrar propuestas de calado y, las pocas que formulan, siguen en la línea de esa cuadriculada visión del mundo economicista que tanto critican. En palabras recientes del propio Héssel:

"Ya está bien que salgan a la calle y que se quejen de cosas, pero aún es más importante saber por qué cambios de la sociedad están trabajando; y deben tener claro que no solo deben estar en contra de algo, sino que también deben estar a favor de algo y que defiendan algo nuevo, algo esencial: más justicia y más respeto por la naturaleza y por nuestro planeta…"

¡Cuánta razón lleva monsieur Héssel! A cuatro días de la catástrofe de Fukushima, hoy la manifestación antinuclear que ha finalizado ante la sede de Endesa sólo ha contado con una representación de un puñado de acampados. Además, ¿cómo se puede estar tan enfrentando a los políticos y a los banqueros sin rebatir su modelo de crecimiento? ¿Cómo se puede pretender justicia social sin llamar a la concienciación global ni formular propuesta alguna para combatir los crímenes ecológicos y el déficit nutricional que sufren miles de millones de personas en este planeta? Todavía es hora de que escuche la palabra sostenibilidad de boca de alguno de los indignados.

"La culpa de la crisis es tuya", se lee en la camiseta de un conocido mío que se puso a razonar con los acampados de la Plaza Catalunya. No le falta razón. Yo instaría a los seguidores de la  SpanishRevolution a seguir siendo tan combativos y mordaces con políticos y grandes financieros, a luchar contra los paraísos fiscales, a perseguir todo tipo de injusticia institucionalizada..., vaya por delante un ¡bravo! por ellos, pero también me gustaría que no cayeran en la incongruencia de negar la parte de responsabilidad en la crisis y en la insostenibilidad global que nos corresponde a todos.

Todos debemos trabajar duro y cambiar de raíz conductas individuales, lo que evitaría que en este planeta haya quien se asfixie o nazca con malformaciones a consecuencia  de nuestro consumismo tóxico y nuestra fe ciega en el crecimiento como respuesta a todo problema material.

Y, para convencer de ello a los neomarxistas, les propongo la lectura de un autor que hace esfuerzos denodados por ligar marxismo y ecologismo, aunque en mi opinión algunos de los conceptos que utiliza son demasiados generales y manipulables. Merece, sin embargo, la pena revisarlo:

http://www.decreixement.net/blog/marti-avinoa/sobre-la-ecologia-de-marx-de-john-bellamy-foster

 


 

¿Megaciclo o cambio de paradigma?

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Ramon, que en su blog amigo ARTICULOS CLAVE siempre selecciona buen material,  hoy podemos ofrecer un artículo que a mi me ha parecido muy esclarecedor. Se trata de la divulgación que el catedrático de la UB, Mariano Marzo, nos ofrece.

No es fácil encontrar análisis sobre la reciente evolución y volatilidad de los precios de las materias primas que vayan más allá del cortoplacismo más recalcitrante y de la cantinela de la burbuja, a punto de estallar, propiciada por la codicia de los especuladores. Parece como si no quedara lugar para el análisis crítico a mediolargo plazo, de modo que uno acaba por aburrirse ante la reiteración de argumentos que inevitablemente concluyen lo que nos gusta oír: no se asusten, todo se debe a fallos del mercado que pueden y deben ser corregidos.

Pero, ¿y si la actual fase de escalada y volatilidad de los precios de las materias primas no formaran parte del limbo ascendente de un ciclo iniciado en el

2003 y que tras el sonado batacazo del 2008 se dispone a alcanzar techo para desplomarse de nuevo? ¿y si esta vez la tendencia alcista iniciada en el 2003 marcara un gran cambio de paradigma y el final de los recursos abundantes a bajo precio?

Esta última es la tesis que propone Jeremy Grantham, jefe de inversiones de GMO Capital (una firma que gestiona activos por valor de unos 106.000 millones de dólares) en un interesante ensayo titulado Es hora de despertarse: los días de los recursos abundantes y de los precios a la baja se han acabado para siempre.

Para Grantham, la evolución histórica de los precios de las materias primas ha constituido una ayuda inestimable para el progreso económico de la humanidad, ya que en el transcurso del último siglo dichos precios han disminuido de forma sostenida. Esta tendencia queda claramente reflejada si se analiza el comportamiento de un índice desarrollado por GMO Capital a partir del control de 33 de los productos básicos más importantes (aluminio, carbón, aceite de coco, café, cobre, maíz, algodón, fosfato diamónico, semillas de lino, oro, mineral de hierro, yute, manteca, gas natural, plomo, níquel, petróleo, paladio, aceite de palma, pimienta, platino, madera, caucho, plata, sorgo, soja, azúcar, estaño, tabaco, uranio, trigo, lana y zinc). Desde 1900, y en el transcurso de 102 años, el citado índice ha caído a un ritmo medio del 1,2% anual, una vez ajustada la inflación a los valores mínimos alcanzados en el 2002. Por supuesto que esta evolución aparece jalonada por una larga serie de ciclos de subida y bajada de desigual magnitud, entre los que sobresalen cuatro picos de precios máximos relacionados con la Primera y Segunda Guerra Mundial y con los dos shocks petroleros acaecidos en los setenta y ochenta.

Durante poco más de un siglo esta claro, pues, que el aumento de la productividad derivado de los avances tecnológicos ha superado los inconvenientes previstos por la ley de los Rendimientos Decrecientes. Sin embargo, a partir del 2002 – un año que para Grantham será recordado en los libros de historia-algo fundamental parece haber cambiado. Con altibajos notables, los precios de las materias primas han iniciado una escalada espectacular, más abrupta que la experimentada durante la Segunda Guerra Mundial y que ha borrado de un plumazo el declive de precios experimentado en los últimos cien años. Sin duda, lo acontecido refleja una explosión sin precedentes de la demanda por parte de las grandes demografías, China e India, así como del resto del mundo en desarrollo.

A propósito de China, Grantham no identifica la aceleración del crecimiento económico y demográfico como único motor del cambio de paradigma en ciernes. Para este analista, también hay que considerar el alto porcentaje de gasto de capital del gigante asiático, que se sitúa por encima del 50% del PIB, un nivel nunca alcanzado, ni de lejos, por ninguna otra economía en la historia. Y como muestra un botón. China sólo utiliza una pequeña fracción del petróleo mundial, poco más del 10%, lo que está en consonancia con su contribución porcentual (13,6%) al PIB global. Pero a partir de ahí las cifras de otras materias primas se disparan, como sucede con el níquel (36% del consumo mundial), cobre (39%), aluminio y zinc (41%), plomo y acero (45%), carbón (47%), hierro (48%) y cemento (53%). Y en el caso de algunos productos básicos agrícolas y ganaderos, los porcentajes también son impactantes: pollos (16%), trigo (17%), soja (25%), arroz (28%), huevos (37%) y cerdos (46%).

Seguro que los más optimistas argumentarán (sin, por supuesto, molestarse en aportar datos) que todo esto es un asunto pasajero. Sin embargo, un análisis realizado por GMO Capital muestra que la mayoría de las materias primas tienen probabilidades muy bajas de volver a situarse en línea con la tendencia del descenso medio del 1,2% anual observado entre 1900 yel 2002. Las cinco probabilidades mas bajas están encabezadas por el hierro (1 entre 2.200.000), al que siguen el carbón (1/ 48.000), cobre (1/ 17000), maíz (1/ 14.000) y plata (1/ 9.300). Y entre las más altas se sitúan el gas natural (1/ 2, o sea un cara o cruz), aluminio (1/ 12), potasa, zinc, estaño y uranio (todas ellas con 1/ 35). El oro y el petróleo muestran probabilidades de 1/ 210 y 1/ 160, respectivamente.

¿Y si nos encontramos ante el cambio de paradigma más importante desde la revolución industrial?


Mariano Marzo. Catedrático de la UB.


Última actualización el Lunes, 16 de Mayo de 2011 23:24
 

Decrecimiento asimétrico

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Lejos de las teorías de crecimiento asimétrico de Schumpeter y sus implicaciones tecnológicas, esta primera mitad de siglo XXI se está caracterizando por la tangibilidad de los límites físicos de nuestro crecimiento dentro del planeta. Recursos energéticos, alimentarios, desastres ecológicos, calentamiento global..., son temas recurrentes y cada vez más presentes en los titulares de prensa.

Además, aunque los economistas más liberales defiendan que la crisis económica no es global, que hay muchas regiones del planeta que crecen, es evidente e innegable que la crisis crediticia nos afecta y afectará mucho más a todos en el futuro. Países como el Japón tienen amplia experiencia en ello; sus infraestructuras se avejentan a la par que su población, su capacidad de innovación queda lastrada por los elevados costes de sostenimiento de una industria carente de materias primas y energía, su edificio social se tambalea a medida que los ingresos de las jóvenes generaciones de trabajadores se reducen. Un verdadero espejo en el que se refleja el futuro económico del mundo industrializado.

Y precisamente en este escenario cobra vital importancia el concepto de decrecimiento asimétrico. Es decir, en el marco necesario de un decrecimiento global, diferentes estados, países o regiones deberán abordar el desafío del decrecimiento con mayor o menor urgencia, dependiendo del grado de insostenibilidad de su "huella ecológica". Es evidente, por ejemplo, que Holanda es un estado mucho más insostenible que Canadá o Chile y, por tanto, sería razonable acometer un reequilibrio poblacional y de consumo a escala planetaria, favoreciendo migraciones y transferencias de recursos. A modo de ejemplo más local, la ancha Castilla que se abre a las mismas puertas de Madrid no tiene las mismas urgencias que la exhausta costa mediterránea, donde es imposible encontrar una parcela vacía, un campo yermo o un llano por urbanizar.

 

Obviamente, sitúo esta propuesta en el limbo de las utopías más ingenuas que se hayan formulado jamás. Podría ser una iniciativa tan lógica y racional, tan efectiva y poco traumática que, por supuesto, no va a ser considerada de una manera colegiada y planificada por ninguna organización con verdadero poder de decisión.

¿Qué otra solución nos queda entonces? Pues, como era de esperar, la más atávica e irracional, la más emocional y representativa del temperamento humano, es decir, la confrontación, la búsqueda de culpables exteriores, la confusión a base de correlaciones arbitrarias de todo tipo de datos, de demagogia pueril y de engaños y manipulaciones de todo tipo. La materialización de todo esto la hallamos en la respuesta que nuestros políticos dan a la actual crisis: hay que ser competitivos, prepararse más para poder abrirse paso en el mercado laboral, conquistar mercados..., en definitiva, hay que derrotar al enemigo. 

Para colmo de males, los medios de desinformación social se encargan de enfrentar a los diferentes colectivos laborales en una interminable disputa falaz que los políticos, teledirigidos por el poder financiero, aprovechan para precarizar las condiciones de vida de la amplia mayoría de los trabajadores. Todos contra todos, que nadie toque lo mío, que se lo quiten a los demás... Un escenario de decrecimiento desolador y absolutamente anárquico.  


 


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